“Pedirle perdón a mi papá”, el duro relato de una argentina que cerró el negocio familiar
”No tuvimos la fuerza económica, para poder invertir y poder hacer nuevos cambios”, señaló la productora ganadera, que contó la historia de la estancia fundada por su abuelo a través de una carta
El contexto argentino recoge diferentes historias de personas que deben hacer frente a la difícil situación económica o decir adiós a sus aspiraciones debido a esta situación. Un ejemplo de ello es la historia de Cristina Coggiola, una joven empresaria argentina que decidió abandonar el tambo que tenía en Colonia Prosperidad, provincia Córdoba.
Según reseña el Clarín, esta estancia lechera fue una iniciativa empezada por su abuelo y que pasó a una nueva generación años después, siendo su padre el encargado de llevar las riendas del negocio familiar, pero posteriormente ella se encargó de llevar adelante el establecimiento que en los últimos meses se vino abajo.
“Nos cachetearon de todos lados”, sintetizó en una carta publicada en sus redes informando sobre el final del tambo. “No tuvimos la fuerza económica, para poder invertir y poder hacer nuevos cambios”, agregó en el documento que fue compartido en redes sociales.
La situación externa y ajena al negocio “no permitieron que la empresa pueda crecer y que las cosas sean mejor”, según reseña la joven ganadera que era propietaria de al menos 150 reses, 20 de las cuales ya no daban leche y producían entre 22 y 24 litros diarios de máxima calidad.
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Cuando vio subir las últimas vacas al camión con destino a otro predio se le cayeron las lágrimas, pero no precisamente porque las dio a precio regalado, sino por lo que significaba para el negocio familiar
“Pedirle a mi papá perdón porque no supe cómo manejar semejante empresa y se el dolor que tiene él, porque acá hubo mucha pasión, amor, compromiso, cansancio, noches sin dormir, inundaciones, de todo vivió mi viejo”, señaló Cristina al portal.
A continuación, la carta completa:
TAMBO... Hoy se apagaron las luces, los motores que se veían a lo lejos de otro tambo Argentino.
Fue iniciado por mis abuelos, luego mi papá y ahora lo yo....
Recuerdo a mis 6 años que le llevaba el mate cocido a mi papá, me gustaba curar a los terneros con el curabichera, íbamos en tractor a recorrer los lotes y así también me perdió del tractor me caí jajaja, y así, muchas anécdotas de familia...
Se cerró una etapa de mi vida, con mucho dolor, tristeza, bronca, angustia, porque era una empresa familiar y siempre poniendo hasta lo que no teníamos.
Los cambios son muy duros.
Ya no sonará más el teléfono, donde el banco me avise del descubierto.
Ya no sonará el teléfono cuando el tambero me diga a las 4 am, no me anda el motor, no tengo luz, no me funciona la electro bomba, se cayó el camión de la leche a la cuneta, y no tengo tractor, no tiene nitrógeno el tacho del semen y no sé qué pasó y así muchas cosas.
Se que fueron cuestiones externas a nosotros que no dejaron, que no permitieron que la empresa pueda crecer y que las cosas sean mejor , las cuotas de la mala suerte, la inestabilidad económica del país, nos cachetearon de todos lados. No tuvimos la fuerza económica, para poder invertir y poder hacer nuevos cambios...
Hoy estamos de duelo, fue desconsolador el llanto cuando se alejaban los camiones ..
Solo me queda agradecerles a las vaquitas mis amores, todo lo que nos dieron...
Y pedirle a mi papá perdón porque no supe cómo manejar semejante empresa y se el dolor que tiene él, porque acá hubo mucha pasión, amor, compromiso, cansancio, noches sin dormir, inundaciones, de todo vivió mi viejo.
Gracias a todos los que nos acompañaron y ayudaron en esta etapa, no siendo fácil, pusieron todo su maravilloso talento y luz propia, para sobrevivir pero no alcanó. Gracias y ahora a reconvertinos.
La vida nos enseña que nos podemos tropezar, pero siempre asumiendo nuevos desafíos.
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