Los jainistas vencen en su lucha por dejarse morir de hambre en la India
Nueva Delhi, 5 sep (EFE).- Los jainistas, seguidores de una austera religión minoritaria india, están felices porque van a poder seguir dejándose morir de hambre para ir al cielo sin ser detenidos por la Policía.
Después de que miembros de la comunidad se manifestasen en protestas silenciosas por todo el país, el Tribunal Supremo de la India ha fallado en favor de una de sus prácticas más sagradas, la santhara.
El máximo órgano judicial anuló el pasado lunes una sentencia emitida el 10 de agosto por el Alto Tribunal del Rajastán (noroeste) y que declaraba ilegal esta práctica al considerarla suicidio.
Sentado en una esquina del Digambar Lal Mandir de Nueva Delhi, el principal templo jainista de la India, A.K. Jain, un corpulento brahmachari o aprendiz de gurú, pega un bote al escuchar la palabra "santhara" y enseguida comienza a desempaquetar infinitos tacos de papeles con el sello del Tribunal Supremo.
Envuelto en su túnica blanca y una amplia sonrisa de satisfacción, explica a Efe que él mismo ha estado al frente de tres de los siete recursos presentados por agrupaciones jainistas en favor de la "felicidad total del alma".
"Es diferente de la felicidad del cuerpo", insistió con absoluto convencimiento sobre la meta de la santhara, un proceso gradual que se extiende lo largo de varios años y que culmina cortando por completo la ingesta de alimentos cuando se acerca el momento de la muerte.
Según el último censo oficial, en la India hay más de cuatro millones de seguidores del jainismo, una religión con la no violencia por bandera y estrictos mandamientos, como no comer nada que crezca por debajo de la tierra y pueda morir al ser arrancado.
Jain calcula que entre 200 y 300 ascetas abrazan la santhara cada año, a los que suman al menos 500 o 700 fieles.
Como si de una gran celebración se tratase, "miles" de miembros de la comunidad acuden a venerar a la persona, generalmente un anciano o enfermo, durante los entre cinco y 30 días que suele durar la fase final, manifestó este "medio santo" de 72 años.
Y es que morirse de hambre, dice, es un pasaporte directo al cielo, desde donde volverás a nacer con otro cuerpo y, tras pasar unas cuantas veces por la tierra, alcanzarás la "moksha", la liberación del ciclo de la vida y la muerte.
"Creemos que el cuerpo es como la ropa. Cuando la ropa está vieja y raída estás contento de llevar otra nueva. Del mismo modo, cuando el cuerpo está raído y se vuelve viejo estamos felices de cambiarlo y tener un cuerpo nuevo, así que no tenemos miedo a la santhara", asegura Jain.
Nikhil Soni, el abogado que denunció esta práctica ante el Alto Tribunal del Rajastán, alega que los jainistas la utilizan para librarse de las personas dependientes, pero el brahmachari lo tiene claro: "sólo se puede hacer con voluntad".
Asevera que el individuo debe pedir él mismo la santhara a su gurú, quien antes de concedérsela le pondrá a prueba para asegurarse de que no tiene "miedos" ni ningún tipo de "apego" material o emocional, una de las máximas del jainismo y condición indispensable para recibir la luz verde del asceta.
En una casa de descanso cerca del Digambar Lal Mandir, el gurú Anuman Sagar, completamente desnudo como es tradición entre los muniraj de la secta jainista digambara, recibe a sus fieles dándoles un toquecito en la cabeza con su abanico de plumas de pavo real.
Durante su vida ha guiado, junto a su gurú superior, más de una decena de santharas y recita a Efe de carrerilla las infinitas diferencias entre esta práctica sagrada y un burdo suicidio.
"En la santhara, el resultado es la paz (...) Por eso donde hay suicidio hay luto, pero donde hay santhara hay celebraciones. Por eso se dice que el rezo de un santo convierte la muerte en un festival", concluye.
El brahmachari Jain dice que en el momento de la santhara se desprenderá de la ropa para puntualizar con una sonrisa picarona que las mujeres también pueden hacerlo "pero no se la quitarán".
Con el nudismo culminará el ideal del "no apego" que hace 22 años le llevó a abandonar para siempre su casa y a su familia.
"Mi mujer viene a veces a ver al guruji, nos miramos desde la distancia", comenta sin siquiera parpadear.
"En esta vida la tuve a ella, quién sabe en otras", concluye.